El Venerable Abraham de Smolensk, predicador del arrepentimiento y del inminente y terrible Juicio Final, nació a mediados del siglo XII en Smolensk, en el seno de una familia rica. Antes de él, sus padres habían tenido doce hijas y suplicaban a Dios que les concediera un hijo. Desde su infancia creció en el temor de Dios, acudía con frecuencia a la iglesia y tenía la posibilidad de leer libros. Sus padres esperaban que su único hijo contrajera matrimonio y continuara su ilustre linaje, pero él buscaba una vida diferente. Tras la muerte de sus padres, distribuyó toda su riqueza entre monasterios, iglesias y pobres, y recorrió la ciudad vestido con harapos, suplicando a Dios que le mostrara el camino de la salvación.
Recibió la tonsura monástica en un monasterio dedicado a la Santísima Madre de Dios, situado a cinco verstas de Smolensk, en el lugar llamado Selischa. Después de cumplir allí diversas obediencias, el monje se dedicó fervientemente a copiar libros, extrayendo de ellos riquezas espirituales. El príncipe Román Rostislávich de Smolensk (+1170) había fundado una escuela en la ciudad, en la que se enseñaba no solamente a partir de libros eslavos, sino también de obras griegas y latinas. El propio príncipe poseía una gran colección de libros, de la que el Venerable Abraham pudo servirse.
Había llevado una vida ascética durante más de treinta años en el monasterio cuando, en el año 1198, el higúmeno lo persuadió para que aceptara la dignidad sacerdotal. Todos los días celebraba la Divina Liturgia y cumplía su ministerio sacerdotal no solamente para los hermanos del monasterio, sino también para los fieles laicos.
Pronto el monje llegó a ser ampliamente conocido. Esto despertó la envidia de los hermanos y posteriormente también la del higúmeno, y cinco años después se vio obligado a trasladarse al monasterio de la Exaltación de la Cruz, en la propia ciudad de Smolensk. Con las ofrendas de los fieles adornó la iglesia catedralicia de aquel pobre monasterio con iconos, cortinas y candelabros.
Él mismo pintó dos iconos sobre temas que le preocupaban especialmente: en uno representó el terrible Juicio Final y, en el otro, los sufrimientos y pruebas de la vida. Delgado y pálido a causa de sus grandes esfuerzos ascéticos, vestido con sus ornamentos sacerdotales, se asemejaba en apariencia a san Basilio el Grande.
El santo era estricto tanto consigo mismo como con sus hijos espirituales. Predicaba constantemente en la iglesia y también a quienes acudían a él en su celda, conversando por igual con ricos y pobres.
Los notables de la ciudad y miembros del clero exigieron al obispo Ignacio que sometiera al monje a juicio, acusándolo de seducir a mujeres y de inducir a la tentación a sus hijos espirituales. Pero todavía más graves fueron las acusaciones de herejía y de lectura de libros prohibidos. Por estas supuestas faltas llegaron a proponer que el asceta fuese ahogado o quemado.
En el juicio celebrado ante el príncipe y el obispo, el monje respondió a todas aquellas falsas acusaciones. Sin embargo, a pesar de ello, se le prohibió ejercer el sacerdocio y fue enviado de regreso a su antiguo monasterio, dedicado a la Santísima Madre de Dios.
Una terrible sequía se abatió entonces sobre la región, considerada consecuencia de la ira de Dios por aquella sentencia injusta. Solamente cuando el santo obispo Ignacio concedió el perdón al Venerable Abraham y le permitió nuevamente celebrar los oficios y predicar, volvió a caer la lluvia sobre las tierras de Smolensk.
El santo obispo Ignacio construyó un nuevo monasterio en honor de la Deposición de la Vestidura de la Santísima Madre de Dios y confió su dirección al Venerable Abraham. El propio obispo, habiéndose retirado de la diócesis a causa de su avanzada edad, se estableció también allí.
Muchos deseaban ponerse bajo la dirección del Venerable Abraham, pero él examinaba con gran rigor a quienes pedían ingresar y solamente los aceptaba después de una cuidadosa prueba. Por esta razón, en su monasterio había únicamente diecisiete hermanos.
Tras la muerte de san Ignacio, que se había convertido en su amigo espiritual, el Venerable Abraham exhortó todavía con mayor insistencia a los hermanos a recordar la muerte y a orar día y noche, para no ser condenados en el Juicio de Dios.
El Venerable Abraham murió después del año 1224, tras haber pasado cincuenta años en la vida monástica.
Ya a finales del siglo XIII se había compuesto un oficio litúrgico en su honor, juntamente con el de su discípulo, el Venerable Efrén.
La terrible invasión mongol-tártara, considerada como manifestación de la ira de Dios por los pecados, no hizo desaparecer la memoria del Venerable Abraham de Smolensk. Al contrario, recordó todavía más al pueblo su llamada al arrepentimiento y a tener presente el terrible Juicio Final.
Tropario (Tono 8)
Con el torrente de tus lágrimas hiciste fecundo el desierto, y tu anhelo de Dios produjo frutos en abundancia. Con el resplandor de tus milagros iluminaste el universo entero. ¡Oh santo padre nuestro Abraham, ruega a Cristo nuestro Dios que salve nuestras almas!



