SÁBADO DE LAS ALMAS
Sábado de la Trinidad (de Pentecostés). 27.05.26
El sábado antes de Pentecostés, es uno de los muchos días del año en el que nuestra iglesia recuerda a sus miembros que han fallecido.
Físicamente no están con nosotros, pero su alma vive y espera como nosotros la venida del Divino Juez. La muerte no es una ruptura definitiva, sino una espera.
La Iglesia es una sola familia: celestiales, terrenales y difuntos.
Los difuntos ya no pueden hacer nada más por sus almas; pero a través de la intercesión de la Iglesia y de los vivos, las almas pueden participar en la misericordia de Dios. La muerte no rompe la comunión con Cristo.
La Iglesia, como madre, estableció diferentes días en el año para recordarlos.
Esta es una expresión de cuidado y amor por quienes ya no están, recordando que en Dios "todos están vivos" y de que la Iglesia es una comunidad que vive más allá de la muerte.
Cuando el alma se separa del cuerpo, pasa por un proceso espiritual emprendiendo un viaje hacia Dios. Las obras de esa alma en la vida pasajera “definen” su estado temporal hasta llegar el esperado y temible Juicio Final.
Según los Santos Padres sabemos que estas oraciones ayudan mucho al alma a mejorar su estado temporal hasta la venida de Cristo y el Juicio final, donde se definirá el eterno estado del alma.
El curso de esa alma depende ahora totalmente de nosotros. Los difuntos NECESITAN ese apoyo para su salvación, y los únicos que pueden dárselo somos nosotros los vivos, rogando por la misericordia de Dios.
Especialmente hoy, el sábado antes de Pentecostés, se ora por todos nuestros hermanos fallecidos, no solo por los familiares.
Es un día de oración para los difuntos de alcance universal.
Se recuerda a conocidos y desconocidos, muertos en guerra, fallecidos sin oración, personas que no tienen a nadie que rece por ellos, todas las almas desde Adán hasta hoy, que han dormido en fe y en esperanza de la resurrección.
El sábado es un día apropiado para recordar a los difuntos porque simboliza el día del descanso de Cristo en el sepulcro, su descenso al Hades, la victoria sobre la muerte y el día de espera de la Resurrección.
Orar por los difuntos justo el sábado antes de Pentecostés, pone a los difuntos en el centro de la vida de la Iglesia, recordando que el Espíritu Santo actúa también sobre quienes esperan la resurrección final…. Es un día profundamente pascual.
Solicitamos la gracia del Espíritu Santo para el consuelo y descanso de las almas de nuestros difuntos; ya que es “fuente de vida y resurrección” y “Señor de vivos y difuntos”.
Además, los fieles escriben en una nota los nombres de los seres queridos que quieran que se rece por ellos.
Pidamos a Dios fervorosamente, que nos ayude a tener una vida cristiana y que alguien ore por nosotros cuando dejemos este mundo. AMÉN.
El trigo simboliza al cuerpo humano y su futura resurrección, ya que “muere”, es enterrado, se corrompe para germinar, dar una nueva planta y fruto (Juan 12:24).
Los ingredientes originales era el trigo y la miel. Hoy se agregan otros ingredientes que tienen un símbolo doctrinal:
* El Trigo: Representa al difunto y la promesa de la resurrección de la carne en una nueva vida.
* La Miel o Azúcar: Simboliza la dulzura del Paraíso y la felicidad de la vida eterna.
* Pasas y Frutos Secos: Representan a Cristo como la "Vid Verdadera" y la abundancia de los dones espirituales.
* Granada (en algunas tradiciones): Simboliza la sangre que Cristo derramó para nuestra salvación.
* Menta o perejil (en algunas tradiciones): Simboliza el verde de la esperanza en la resurrección.
Comprendiendo estos símbolos, el koliva empieza a sentirse como un puente: entre el día de la separación de alma y cuerpo y la resurrección del alma en el juicio final, entre el dolor privado y la oración compartida, entre lo que es visible y lo que se espera.






