Preparación para la Confesión por San Juan de Kronstadt
San Juan de Kronstadt fue, ante todo, un sacerdote profundamente eucarístico, que puso la Divina Liturgia en el centro de su vida espiritual. Vivió la comunión como el corazón de la vida cristiana, pero enseñó que no debe recibirse de manera automática, sino con preparación interior. Por ello insistía en la confesión como camino necesario de purificación, mostrando así que es un verdadero santo de la comunión y de la confesión, llamando a los fieles a acercarse a los Santos Misterios con conciencia, arrepentimiento y reverencia. Esto queda demostrado en el simbolismo que vemos en la iconografía que le representa, en la que casi siempre sale señalando el Cáliz.
A continuación, la oración que él escribió: “Preparación para la Confesión”
«Yo, alma pecadora, confieso a nuestro Señor Dios y Salvador Jesucristo todos los males que he hecho, dicho o pensado desde mi Bautismo hasta el día de hoy. No he guardado los votos de mi Bautismo, sino que me he hecho indigno ante el rostro de Dios.
He pecado ante el Señor por falta de fe y por dudas acerca de la Fe Ortodoxa y de la Santa Iglesia; por ingratitud ante todos los grandes e incesantes dones de Dios, por Su longanimidad y Su providencia para conmigo, pecador; por falta de amor al Señor, así como de temor, al no cumplir los santos mandamientos de Dios ni los cánones y reglas de la Iglesia.
No he conservado el amor a Dios ni al prójimo, ni me he esforzado lo suficiente, por pereza y descuido, en aprender los mandamientos de Dios y las enseñanzas de los Santos Padres.
He pecado: por no orar por la mañana y por la noche, ni durante el día; por no asistir a los oficios, o por venir a la Iglesia con tibieza, pereza y descuido; por hablar durante los oficios, por no prestar atención, dejando vagar mi mente, y por salir de la Iglesia antes de la despedida y la bendición.
He pecado al juzgar a los miembros del clero.
He pecado por no respetar las Fiestas, por quebrantar los Ayunos y por la falta de moderación en la comida y la bebida.
He pecado por amor propio, desobediencia, obstinación, justicia propia y por buscar la aprobación y la alabanza.
He pecado por incredulidad, falta de fe, dudas, desesperación, abatimiento, pensamientos ofensivos, blasfemia y juramentos.
He pecado por orgullo, alta opinión de mí mismo, narcisismo, vanidad, presunción, envidia, amor a la alabanza, amor a los honores y por darme importancia.
He pecado: juzgando, murmurando con malicia, enojándome, recordando las ofensas que se me han hecho, odiando y devolviendo mal por mal; por calumnias, reproches, mentiras, astucia, engaño e hipocresía; por prejuicios, discusiones, obstinación y por no ceder ante mi prójimo; por burlarme, por malicia, por provocar, insultar y ridiculizar; por chismes, por hablar demasiado y por palabras vacías.
He pecado por reír innecesaria y excesivamente, por insultar y por recrearme en mis pecados pasados, por comportamiento arrogante, insolencia y falta de respeto.
He pecado por no dominar mis pasiones corporales y espirituales, por deleitarme en pensamientos impuros, por libertinaje e impureza en pensamientos, palabras y obras.
He pecado por falta de paciencia en mis enfermedades y tristezas, por apego a las comodidades de la vida y por estar demasiado apegado a mis padres, hijos, familiares y amigos.
He pecado por endurecer mi corazón, por debilidad de voluntad y por no forzarme a hacer el bien.
He pecado por avaricia, amor al dinero, adquisición de cosas innecesarias y apego desordenado a los bienes.
He pecado por justificarme a mí mismo, por despreciar las advertencias de mi conciencia y por no confesar mis pecados por negligencia o falsa soberbia.
He pecado muchas veces en mi Confesión: minimizando, justificando y callando mis pecados.
He pecado contra los santísimos y vivificantes Misterios del Cuerpo y de la Sangre de nuestro Señor, acercándome a la Santa Comunión sin humildad ni temor de Dios.
He pecado de obra, palabra y pensamiento, consciente e inconscientemente, voluntaria e involuntariamente, con reflexión y sin ella, y es imposible enumerar todos mis pecados por su multitud. Pero verdaderamente me arrepiento de éstos y de todos los demás no mencionados por mí a causa de mi olvido, y pido que me sean perdonados por la abundancia de la misericordia de Dios.»


