Los Apóstoles… 3
Seguimos la serie conociendo a los Apóstoles. Hoy hablaremos de los Apóstoles: Tomás, Judas-Tadeos y Simón el Zelote
Tomás, conocido especialmente por el episodio en el que dudó de la resurrección de Jesús hasta verlo y tocar las heridas, así dándole el sobrenombre de “Tomás el Incrédulo”.
Al encuentro con Jesús su incredulidad se convirtió en la declaración más fuertes de fe en los Evangelios, al exclamar: «¡Señor mío y Dios mío!»
La reacción de Tomás nos enseña que la duda no es necesariamente falta de fe, en su caso se convirtió en un auténtico encuentro con la verdad.
Jesús dijo: «Bienaventurados los que no vieron y creyeron»; esto no impide hacer preguntas a nuestro padre espiritual para crecer espiritualmente; a veces es parte del proceso.
Según la tradición, después de la muerte y resurrección de Jesús, a Tomás le correspondió evangelizar las tierras del este, más allá del Imperio romano.
Los relatos antiguos, cuentan que evangelizó en Siria, Persia hasta llegar a la costa suroccidental de India. Este camino era posible, ya que en el siglo I existían rutas comerciales activas entre el Mediterráneo, Persia y la India.
Muy posible que inició su evangelización en Kerala, situada en la costa al oeste de India, donde fundó varias comunidades cristianas que existen hasta el día de hoy.
Tomás predicó durante años y finalmente fue martirizado en el año 72 d.C. atravesado por lanzas mientras oraba en una cueva cerca de la actual ciudad de Chennai (situada en la costa al este de India, 650 km. de Kerala), donde existe hoy un lugar venerado como “Saint Thomas Mount”, Madrás.
Uno de los ilustres santos de esta iglesia es el monje Ioasaph, príncipe de India con su instructor el venerable Barlaam (8.9. / 26.8 juliano),
Judas -Tadeos, o Judas hijo de Santiago; los evangelios de Mateo y Lucas lo mencionan, pero casi no tiene diálogos directos en los textos bíblicos. Según la tradición era primo de Jesús por vía materna.
Este apóstol no se debe confundir con Judas Iscariotes, el traidor de Jesús.
Se le atribuye la Epístola de Judas, donde anima a los cristianos a mantener y luchar por la fe en tiempos de dificultad. Aconseja a no rendirse en situaciones desesperadas y a mantener la esperanza cuando no hay soluciones visibles.
La tradición lo asocia con la historia del rey de Abgar V de Edessa. Este rey estaba enfermo y como había oído hablar de Jesús, le escribió una carta pidiéndole que fuera a curarlo.
Jesús respondió que no podía ir, pero prometió enviar a alguien después de su ascensión. Este “alguien” era el apóstol Judas Tadeo.
Jesús limpia su rostro con un velo en el que se queda impreso milagrosamente su rostro. Al recibir el rey este Mandylion se cura y se convierte al cristianismo.
Judas Tadeos predicó el cristianismo al rey y al pueblo, así formando una de las primeras comunidades cristianas organizadas fuera de Palestina.
Murió martirizado en Persia alrededor del año 65 d.C. junto a San Simón el Zelote. Ambos fueron brutalmente asesinados con un hacha por sacerdotes paganos al negarse a adorar a sus dioses.
San Simón el Zelote, o Simeón, realizó misiones evangelizadoras en compañía del apóstol Judas Tadeo; predicaron y sufrieron juntos el martirio.
A pesar de que los cuatro Evangelistas lo mencionaron, ofrecen muy pocos detalles sobre su vida y no mencionan palabras suyas, ni episodios protagonizados por él. No sabemos con certeza cuál era su ocupación, ni mucho de su vida antes de seguir a Jesús.
Simón pasó a la historia sin discursos famosos, sin milagros registrados ni protagonismo, pero fue recordado como uno de los compañeros más cercanos de Jesús.
Para los primeros cristianos, eso indicaba que había desempeñado un papel significativo en su misión, ya que los Evangelios no destacan a las personas por su fama sino por su fidelidad.
Por el apodo “el zelote”, es posible que Simón era miembro o simpatizante del movimiento Zelote, que surgió en el siglo I. Este movimiento defendía con gran fervor la fidelidad a la ley de Dios y la independencia del pueblo judío frente al dominio de.
En sus vidas “antes de Cristo”, el apóstol Mateo, como cobrador de impuestos para el Imperio Romano, hubiera sido claramente el “adversario” del apóstol Simón… pero por el amor a Cristo los apóstoles convivieron unidos siguiendo la Voluntad de Dios y predicando su palabra.
Esto es un gran ejemplo de cómo personas con antecedentes muy distintos pueden formar parte del mismo cuerpo de Jesús.




