Alrededor del 367 san Juan Crisóstomo conoció al obispo Melecio de Antioquía; este encuentro fue un punto de eje muy decisivo en la vida del santo.
El carácter sincero y gentil de este hombre cautivó a Crisóstomo de tal manera que pronto comenzó a apartarse de los estudios clásicos y profanos y a dedicarse a una vida religiosa y ascética.
Estudió las Sagradas Escrituras y frecuentó los sermones de Melecio. Alrededor de tres años después, en 370 recibió el Santo Bautismo a la edad de 23 años y fue ordenado lector.
Por sus ansias de una vida más perfecta se convirtió en un eremita; deseaba ir a vivir y orar en el desierto, pero su madre le rogaba que no la dejara sola, así que convirtió su casa en un oratorio, viviendo como monje.
Después de la muerte de su madre, se fue al desierto en donde permaneció seis años rezando y haciendo penitencia en un retiro solitario en una de las cuevas cercanas a Antioquía.
Como su salud estaba bastante deteriorada por sus muchas vigilias, ayunos y oraciones en heladas y frío, san Juan Crisóstomo regresó a Antioquia para recuperar su salud, y reasumió su oficio como lector en la Iglesia.
En 381 san Juan Crisóstomo fue ordenado diácono por Melecio de Antioquía y en 386 fue ordenado sacerdote por el obispo Flaviano I de Antioquía, el sucesor de Melecio.
Desde allí empieza su real importancia en la historia eclesiástica; su principal tarea durante los siguientes doce años fue la de predicar. Sus conmovedores sermones, a pesar de durar más de 2 horas, siempre cautivaban a los fieles.
En el curso ordinario de las cosas Crisóstomo debió haberse convertido en el sucesor de Flaviano en Antioquia. Pero el 27 de septiembre de 397, muere Nectario, Obispo de Constantinopla.
De esta repentina manera Crisóstomo fue llamado a la capital, y ordenado Obispo de Constantinopla el 26 de febrero de 398, recibiendo posteriormente el título de Patriarca de Constantinopla, durante el período del emperador Arcadio.
Para poder abandonar la ciudad de Antioquía, en donde era tan querido, una escolta militar tuvo que acompañarlo para así evitar la conmoción del pueblo.
Durante su misión como obispo instruyó, corrigió y reprochó.
Tuvo que enfrentarse con los arrianos; en su actividad pastoral mostró gran preocupación por las necesidades espirituales y materiales de los pobres, evangelizó en los campos y fundó hospitales.
Durante su mandato, el Santo se negó a ofrecer lujosas recepciones y criticó el alto nivel de vida que llevaba el clero.
Al mismo tiempo confrontó los vicios, abusos y corrupción de los poderosos. Sus esfuerzos por reformar la Iglesia de Constantinopla chocaron con la oposición de los poderosos y de la emperatriz Elia Eudoxia, esposa de Arcadio, que se vio identificada con las críticas del metropolitano contra las extravagancias en el vestir de las mujeres.
Crisóstomo se caracterizó por la falta de temeridad al denunciar las ofensas de las instancias superiores y su actitud condujo a que se creara un grupo en su contra; sus adversarios eran muchos.
En pocas palabras:
se ganó el amor del pueblo y el odio de los poderosos corruptos.
Como consecuencia de este odio fue exiliado; sin embargo, después de un tiempo nuevamente reinstalado en su sede episcopal.
Finalmente, San Juan Crisóstomo fue desterrado por segunda vez y todas las esperanzas para el exiliado obispo desvanecieron.
No pudiendo predicar desde su destierro, el celoso y admirable predicador, siguió su actividad pastoral mandando brillantes oratorios en cartas, que hasta el día de hoy siguen siendo un gran apoyo teológico.
Por el hecho de que sus cartas que escribía desde el exilio continuaban proporcionando apoyo, popularidad y admiración, se ordenó desterrarlo aún más lejos, en una localidad del extremo oriental del mar Negro.
En el verano de 407 se dio la orden de llevarlo a Pithyo, un lugar en la frontera extrema del imperio, cerca del Cáucaso. Uno de los dos soldados que tuvo que llevarlo le causó todo tipo de sufrimientos posibles.
El Santo fue forzado a hacer largas marchas, fue expuesto a los rayos del sol, a las lluvias y el frío de las noches. Su cuerpo, ya debilitado por varias y severas enfermedades, finalmente se quebró; y durante este último viaje de destierro, el 14 de septiembre del 407, entregó su alma.
Famoso por su gran capacidad oratoria con la cual predicaba la Palabra de Dios, Juan de Constantinopla, un siglo después de su muerte fue denominado "Crisóstomo", que significa “boca de oro”.
Sus muchísimas obras eclesiásticas en palabras y escritos contribuyeron al crecimiento de la doctrina cristiana y siguen siendo un apoyo inestimable en nuestra iglesia ortodoxa.
Por ejemplo: LA DIVINA LITURGIA DE SAN JUAN CRISÓSTOMOS……
que es la Liturgia más frecuente celebrada en los días del año, y con cuya explicación empezaremos a partir de las próximas semanas, si Dios quiere.
Como ya en el escrito anterior mencionado: con el fin de la persecución de los cristianos surgió el crecimiento de la iglesia y apareció la necesidad de unificar todos los ritos existentes de la Liturgia y llevar la uniformidad en sus realizaciones, fielmente conforme al mandado de Cristo y de los apóstoles.
Como BASE de este rito se aplicó la primera Liturgia del Santo Apóstol Santiago, primer obispo de Jerusalén.
San Basilio el Grande escribió y propuso el texto para la aplicación general en el rito de la Liturgia.
San Juan Crisóstomo acortó del rito de la Liturgia de San Basilio el Grande las oraciones leídas en silencio por el sacerdote, pero cambios substanciales no permitió ninguno.
Por las oraciones de nuestro Padre san Juan Crisóstomo, Señor Jesucristo nuestro Dios, ten misericordia de nosotros y sálvanos. Amén.