La Oración de la Cuaresma: Oración de San Efrén el Sirio
Oración de San Efrén el Sirio.
La Oración de San Efrén el Sirio (siglo IV) es una de las confesiones más profundas de la espiritualidad del arrepentimiento.
Según nuestros Santos Padres, esta pequeña y sencilla oración de penitencia incluye toda la Ortodoxia….
…. nos acompañará intensivamente a lo largo de toda la Cuaresma, y debería acompañarnos a lo largo de nuestra vida.
La oración contiene una precisa enumeración de:
- los vicios que debemos combatir;
- las virtudes que debemos alcanzar para arraigarnos en la fe
- y por último, pide el don de no juzgar a los demás.
El juzgar equivaldría al pecado de la soberbia y el orgullo, y de qué sirven todas las virtudes si el principal enemigo, el orgullo, sigue ahí.
En definitiva, la oración es un programa de preparación para el camino de la conversión.
Los vicios son estados del alma negativos que deforman la imagen de Dios en el hombre. Son pasiones que esclavizan el corazón.
Las virtudes son exclusivamente dones del Espíritu Santo y no logros personales. Es una sinergía: Dios da la gracia, el hombre coopera.
Señor y Dueño de mi vida
no me des el espíritu de pereza, de desaliento,
de dominio y de vana palabrería.
«Señor y Dueño de mi vida» ... nos hace conscientes con Quién estamos hablando; confesamos la soberanía divina.
El pecado fundamental es vivir como si Dios no gobernara nuestra vida y pudiéramos hacer todo sin Ël. Con esta frase restauramos el orden correcto entre Dios y el ser humano.
«Espíritu de pereza”» ... trae consigo la muerte interior y la indiferencia espiritual, porque quita cualquier motivación para "levantarse".
Este vicio es visto como la madre de todos los vicios, porque carece de la energía mental para deshacerse de los pensamientos pecaminosos.
San Juan Crisóstomo (347): “Todo se destruye con la inactividad. Porque hasta el agua se pudre cuando se detiene..."
«Espíritu de desaliento» ... es un desánimo que surge como resultado de la inactividad. Los Santos Padres vieron esto como el suicidio del alma, porque el hombre no ve el sentido de la vida, ve todo negativo y ha perdido fe en la misericordia de Dios.
Es tristeza sin esperanza, que lo hace incapaz de trabajar en sí para desearla.
«Espíritu de dominio» ... el deseo de controlar a otros es la raíz de muchos pecados sociales; nos volvemos egocéntricos y egoístas.
Como resultado, creemos erróneamente que tenemos el poder de mandar, juzgar, subordinar y juzgar todo según nuestras ideas y gustos.
Nos olvidamos de que somos siervos de Cristo y de que nuestra vida tiene que estar centrada en Dios y no en nosotros.
Si Él no es nuestro Señor y Maestro, entonces nos convertimos en nuestro propio Señor y Maestro y todo gira alrededor de nosotros.
«Espíritu de vana palabrería» ... La Palabra es un don dado sólo al hombre, por eso los Padres vieron aquí el sello de la imagen divina en el hombre, pues Dios se revela como el Verbo. Pero hablar puede producir el bien, así como el mal.
Apóstol Pablo: "Ninguna palabrería salga de vuestra boca, sino hablad lo bueno, lo edificante y lo necesario, para que traiga bendición a los que lo escuchan".
Un Santo Padre: “Muchas veces me he arrepentido por lo que hablé, pero nunca por lo que no hablé”.
En el día del juicio debemos dar cuenta por cada palabra ociosa que hemos hablado. El evangelio nos dice: "Por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado".
El lenguaje de Dios es el silencio, este silencio orante nos comunica siempre con nuestro Señor y Dueño de nuestra vida.
Más bien, concédeme a mí, tu siervo pecador,
el espíritu de castidad, humildad, paciencia y amor.
«Espíritu de castidad» ... erróneamente reducimos este término sólo a su significado sexual, pero la iglesia se refiere a la integridad del cuerpo y del espíritu.
Es el desprendimiento, la separación del cuerpo en cualquier situación pecaminosa, junto con la disciplina de la mente para no caer en el pecado.
San Isaac el Sirio (siglo VII): «Casto es el que ha muerto al mundo en su corazón, aun viviendo en él con el cuerpo.»
San Máximo el Confesor (†662): «El casto no es el que no experimenta pasiones, sino el que no consiente en ellas.»
Las pasiones existen; la castidad es libertad y discernimiento interior, no es sólo evitar actos malos, sino ordenar los deseos y tener la gracia del autodominio.
San Juan Clímaco (†649): «Castidad es el cielo del corazón; y el casto es aquel que ha hecho incorpórea su carne.»
No significa despreciar el cuerpo, sino que controlar al cuerpo para que no domine al alma.
«Espíritu de humildad» ... La humildad es una de las virtudes más importantes que nos da el Espíritu Santo. Es la obediencia incondicional a la voluntad de Dios y al mismo tiempo es una fortaleza de carácter.
La humildad nos muestra nuestras limitaciones delante de Dios; sólo los humildes reconocen la gloria y la grandeza de Dios.
San Doroteo de Gaza (siglo VI): «Cuanto más se acerca el hombre a Dios, tanto más se ve a sí mismo pecador.»
La penitencia, la contrición y muchas otras virtudes serían imposibles de practicar sin una profunda humildad.
San Juan Clímaco: "Es un don de Dios mismo y un don que viene de Él".
«Espíritu de paciencia» ... es una virtud divina, por eso Dios siempre acepta nuestro arrepentimiento.
Cristo mismo, que soportó todas las maldades de los hombres, las debilidades de sus discípulos, se dejó escupir en el rostro sin quejarse y finalmente aceptó voluntariamente el sufrimiento y la crucifixión, mostró esa paciencia.
Las obras de los Santos Padres de la Iglesia atestiguan que sólo con gran paciencia y esfuerzo lograron alcanzar alturas espirituales.
San Juan Crisóstomo: "Tomemos como ejemplo a un atleta que se anima con la recepción de la corona de laurel y soporta con paciencia el calor y la sed".
San Doroteo de Gaza: «Nada perturba tanto al alma como la impaciencia y nada la guarda tanto en paz como la paciencia.»
San Simeón el Nuevo Teólogo (949): «Quien soporta con paciencia las pruebas, conoce en secreto la gracia de Dios.»
«Espíritu de amor» ... es la corona de todas las virtudes, que sólo Dios puede dar, porque Dios es amor. Es la virtud suprema con participación en la vida divina.
El amor es la capacidad de ver en cada persona la imagen de Cristo mismo.
Apóstol Pablo:"Si diera todos mis bienes a los pobres y no tuviera amor, de nada me serviría".
San Gregorio de Nisa (siglo IV): «El amor no conoce medida, porque nace del Infinito.»
San Máximo el Confesor: «El amor es la imagen de Dios en el hombre.»
Parte 3:
Si, Rey mío y Dios mío,
concédeme ver mis pecados
y no juzgar a mi hermano
porque bendito eres por los siglos de los siglos. Amén.
¿Quiénes somos nosotros para juzgar a los demás? Tendemos a justificarnos juzgando... eso es soberbia y un gran peligro para todas las virtudes.
El orgulloso no necesita ni a Dios ni al prójimo..., nuestro deber como cristianos es perdonar y orar por el otro.
Un Santo Padre: “la soberbia es la fuente del mal y todo mal es soberbia”.
Las postraciones mayores y menores nos acompañan intensamente a lo largo de las oraciones litúrgicas de Cuaresma, pero son por excelencia un signo de penitencia y humildad, que debe acompañarnos a lo largo de la vida.







