Homilia sobre la Circuncisión del Señor, Papa San León Magno - Sermón 36
Conmemorada el 1 de enero juliano (14 de enero gregoriano)
Nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, no se apartó en nada de la humildad que asumió para nuestra salvación. Pues aquel que había sido anunciado por los profetas, y esperado por los pueblos, quiso también someterse a la ley que Él mismo había dado. Y así, al octavo día después de su nacimiento, fue circuncidado conforme a la ley de Moisés.
No fue la necesidad lo que lo llevó a este rito, sino la misericordia. Porque Aquel en quien no había pecado alguno, no vino a destruir la ley, sino a cumplirla; y al someterse a la circuncisión, dio ejemplo de obediencia y manifestó la verdad de su carne.
La circuncisión del Señor confirma que el Verbo se hizo verdaderamente carne, no una apariencia, no una ilusión, sino una carne real, capaz de sufrir, capaz de ser herida, capaz de ser redentora. Pues si no hubiese tenido verdadera carne, tampoco habría podido derramar su sangre para nuestra salvación.
Además, en este misterio se anuncia ya el sacramento futuro. Porque así como la circuncisión se realizaba en la carne, así ahora la gracia obra en el corazón. La señal antigua ha sido sustituida por una más alta, y lo que antes se hacía con el cuchillo, ahora se realiza por el Espíritu.
En la circuncisión se dio al niño el nombre de Jesús, nombre que había sido anunciado por el ángel antes de su concepción. Este nombre proclama su misión: Él es el Salvador. No fue impuesto por voluntad humana, sino por designio divino, para que quedara claro que Aquel que compartía nuestra condición humana era también el autor de nuestra redención.
Por tanto, amadísimos, celebremos este misterio no como algo pasado, sino como una realidad viva. Porque si Cristo se sometió a la ley por nosotros, nosotros debemos someternos a la gracia por Él. Si Él aceptó la herida de la carne, nosotros debemos aceptar la circuncisión del corazón, despojándonos del hombre viejo y revistiéndonos del nuevo.
Que nadie se gloríe en los signos exteriores, sino en la fe que obra por el amor. Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni circuncisión la que se hace en la carne, sino aquel que lo es en lo interior, y cuya alabanza viene de Dios y no de los hombres.
Así, al comenzar el año con este misterio santo, aprendamos a caminar en obediencia, en humildad y en fidelidad, siguiendo a Aquel que, siendo Señor de la ley, quiso hacerse siervo por nuestra salvación.
Fuente: Sancti Leonis Magni Sermones, Sermo XXXVI – De Circumcisione Domin
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