Domingo del Hijo Pródigo 2. domingo pre–cuaresmal.
2. domingo pre–cuaresmal. 08-01-26
San Lucas 15: 11-32
11También dijo: Un hombre tenía dos hijos; 12 y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. 13 No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. 14 Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. 15 Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. 16 Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. 17 Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! 18 Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. 19 Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. 20 Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. 21 Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. 22 Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. 23 Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; 24 porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse. 25 Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas; 26 y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. 27 Él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano. 28 Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. 29 Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. 30 Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo. 31 Él entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. 32 Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.
La iglesia nos puso este domingo la parábola del “Hijo pródigo”, para guiarnos a la CONVERSIÓN.
En la Iglesia Ortodoxa, arrepentimiento y conversión están íntimamente unidos, pero no son exactamente lo mismo.
Arrepentimiento = “me doy cuenta de que estoy lejos de Dios” …… se abre la puerta.
Se vive en el sacramento de la Confesión.
Conversión = “regresaré y trabajaré para volver a Él” … entrar por la puerta y trabajar para lograr la meta.
Se vive en una activa vida cristiana diaria: oración, ayuno, Liturgia, lucha contra las pasiones, amor al prójimo, etc.
La parábola del hijo pródigo es aparentemente sencilla; pero según los Santos Padres tiene un profundo simbolismo del misterio de la salvación, la metanoia (conversión) y del amor infinito del Padre.
Trataremos algunos de los puntos.
EL PADRE
El protagonista es en realidad el padre, que representa al Padre divino; un Dios misericordioso como Padre y no como Juez.
Respeto de la libertad del hijo: igual que Dios, respeta plenamente la libertad de los hijos, no fuerza a la comunión.
Espera vigilante: como el Padre divino, que conserva la esperanza de que sus hijos vuelvan a la casa paterna, así lo hizo el padre en la parábola: “Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre…”
Nosotros abandonamos al Padre, pero Él nunca nos abandona.
Corre al encuentro: “… y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó”.
Dios toma la iniciativa salvífica y se anticipa con su misericordia, así como lo hizo el padre en la parábola.
San Juan Crisóstomo:
“Dios no espera que el pecador se acerque; Él corre hacia él”.
Se anticipa al perdón: “… padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no soy digno de llamarme hijo tuyo”.
Al terminar esta confesión, el padre ya le ha perdonado y le restaura su dignidad con la vestimenta: “Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies.”
Un símbolo, de que por medio del Sacramento de la Confesión recibimos el perdón.
¡Cuán cerca está la misericordia de Dios, de quien se confiesa su miseria!
Invita al banquete: “Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta”. En el banquete ven los Santos Padres una imagen del Sacramento de la Eucaristía, en la que se anticipa el banquete eterno.
LOS HIJOS…. simbolizan dos pueblos.
EL HIJO MENOR… representa a los pecadores gentiles y paganos, que derrochan sus bienes en los vicios - la humanidad caída - y al final vuelven arrepentidos.
Otros símbolos:
Pedir la herencia = ruptura de comunión = muerte espiritual.
Abrazo = sanación y restauración con la comunión con Dios.
Tierra lejana = alejamiento de Dios.
Hambre = de la verdad, como consecuencias del pecado.
Cuidar cerdos = fue la clave para su conversión. Considerando la impureza de un cerdo en la ley judaica, esto era la expresión de máxima e inmunda caída.
Ahora, es que el hijo pródigo se da cuenta de su “caída” y vuelve a sí mismo y luego su padre.
Esto sucede también en nuestras vidas, lo que presuntamente lo vemos como una tragedia, es sólo una señal del Padre para que volvamos a Él. El hijo pródigo debía irse para elegir volver.
El hijo regresa no como un hijo exigente, sino como un hijo que confía en la misericordia del padre.
EL HIJO MAYOR… representa a los escribas y fariseos; se siente privilegiado y heredero único, y está lleno de resentimiento y celo. Simboliza al pueblo judío que mostró esa aversión contra Cristo como el Mesías, por traer la salvación también a los gentiles.
Otros símbolos:
“salió su padre y le suplicó”= también aquí sale el padre (y el Padre) al encuentro de su hijo; se anticipa con su misericordia y lo invita al banquete.
Dios es el padre de TODAS sus Creaturas, sin diferencias o preferencias.
“Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras” = demuestra egoísmo e incapacidad de alegrarse por la salvación del otro. Es el fruto de hacer justicia sin amor.
“… era necesario hacer fiesta y regocijarnos…” = no participar en el gozo del padre, simboliza el alejamiento de la comunión con Dios.



