Domingo del Fariseo y el Publicano. 1. domingo pre–cuaresmal.
1. domingo pre–cuaresmal. 01-02-2026
Con el evangelio de la primera semana del Triodion la iglesia nos presenta la primera virtud y condición necesaria para empezar una preparación sincera: LA HUMILDAD.
Esta parábola enseña que la oración verdadera nace de la humildad, no de la autosuficiencia.
La “oración” del fariseo es hipocresía pura, dándole las gracias a Dios de tal forma que se glorifica a él mismo.
Mejor dicho, su oración no es diálogo con Dios, sino una autoexaltación.
Su religiosidad estaba basada en las obras, pero su pecado principal no era falta de obras, sino el orgullo espiritual.
San Juan Crisóstomo: “El fariseo se puso a hacer el inventario de sus virtudes: su ayuno, su diezmo, etc., y adicionalmente juzgaba a su prójimo”.
Por otro lado, la oración del publicano, era un contraste, era humilde; se reconocia indigno hasta de levantar sos ojos al cielo, reconocia su pecado y la necesidad de la gracia de Dios.
Su oración era breve, sincera y llena de temor a Dios.
“¡Oh Dios, ten misericordia de mí, pecador!”
No es tan importante cuánto rezamos, sino cómo rezamos.
San Teófano el Recluso: “No presumas de tu pretendida cualidad de justo”.
Lucas 18:14: «Cualquiera que se enaltece, será humillado y condenado de Dios;»
San Juan Crisóstomo: “La humildad supera el peso del pecado”
La Iglesia nos abre los ojos desde el primer escalón del Triodion:
el camino para la Resurrección es el camino de la HUMILDAD.
San Silvano del Athos: “Donde hay humildad, allí está la gracia”.
Jesús no nos propone al publicano como un modelo por ser un pecador, sino por su actitud penitente y humilde frente de Dios.






