Conmemoración de la Aparición en los Cielos de la Cruz del Señor en Jerusalén (351)
Conmemorada el 7 de mayo (20 de mayo)
La Conmemoración de la Aparición en los Cielos de la Cruz del Señor en Jerusalén (351): después de la muerte del primer emperador cristiano, Constantino el Grande, el trono imperial fue ocupado por su hijo Constancio, quien se inclinó hacia la herejía de Arrio, la cual negaba que el Hijo de Dios fuese de una misma y única esencia con el Padre. Para reafirmar la santa Ortodoxia, el Señor manifestó en Jerusalén una señal maravillosa.
En el día de la Santa Pentecostés, el 7 de mayo del año 351, hacia la tercera hora de la mañana, apareció en los cielos la imagen de la Cruz del Señor, de proporciones perfectas, resplandeciendo con una luz inefable y más brillante que la del sol. Todo el pueblo fue testigo de ello, y quedó sobrecogido de temor y admiración.
La aparición de la Señal de la Cruz comenzó sobre el santo Monte Gólgota, donde el Señor fue crucificado (Mt. 27:32-33; Jn. 19:17, 41; Heb. 13:12), y se extendió hasta el Monte de los Olivos (Jn. 8:1; 18:1-2), abarcando desde el Gólgota una distancia de quince estadios. La Señal resplandecía con todos los colores del arco iris y atrajo la mirada de todo el pueblo.
Muchos, dejando lo que estaban haciendo, salieron de sus casas y contemplaron con reverencia aquella señal prodigiosa. Entonces una gran multitud de habitantes de Jerusalén, con temblor y alegría, acudió apresuradamente a la santa Iglesia de la Resurrección.
El santo patriarca de Jerusalén, San Cirilo de Jerusalén (350-387), informó al emperador Constancio acerca de este acontecimiento milagroso de la aparición de la Señal de la Cruz y le exhortó a volver a la fe ortodoxa.
Asimismo, el historiador de la Iglesia antigua Sozomeno testimonia que, por medio de esta aparición de la Santa Cruz, muchos judíos y griegos paganos llegaron a la verdadera fe, arrepintiéndose en Cristo Dios y recibiendo el santo Bautismo.

