5. domingo después de Pascua. 17.5.26: Domingo del Ciego de nacimiento
En este día conmemoramos el milagro en el que Cristo devuelve la vista a un hombre ciego que nunca había visto. Juan 9.
Aquí termina la secuencia de los evangelios de los domingos después de Pascua, que no están puestos al azar, sino que forman un camino de crecimiento progresivo en la fe.
Pasemos una revisión rápida de sus transformaciones:
*Tomás… la fe que busca ver. De dudoso, hasta hacer la confesión más poderosa:
“¡Señor mío y Dios mío!”
*Miróforas… el amor que sirve y da testimonio. De tristes fieles hasta ser “Apóstolas de los Apóstoles”.
*Paralítico… se levanta y camina en una vida nueva. No conocia a su sanador, hasta saber de que era Jesús, la “Fuente de sanación”.
*Samaritana… la marginada que se purifica con el “Agua viva”. Ve a Jesús como un judío, que se atreve a hablar con una samaritana. Luego como un profeta, reconoce al Mesías, anuncia su Palabra y da su vida por él.
*Ciego de nacimiento… se ilumina por la “Luz del mundo”. Primero llamó a Jesús “ese hombre”, luego “profeta” y finalmente “Señor” y lo adoró.
En la interpretación ortodoxa, la ceguera física simboliza la ceguera espiritual; este milagro no es solo una curación médica, sino una iluminación del alma.
Similar a la samaritana, que en etapas desde su escepticismo llegó hasta a morir por Cristo; el ciego igualmente reconoce gradualmente “al hombre” que lo curó.
Juan 9:11… “Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús”.
Juan 9:17… “¿Qué dices tú del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta”.
Juan 9:35-38… “Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, ¿para que crea en él? Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró”.
El ciego de nacimiento llega a reconocer quién es Cristo, mientras que algunos fariseos, aun viendo físicamente, continúan espiritualmente ciegos.
Para los Padres de la Iglesia, la enfermedad física no es el mal más profundo; la enfermedad más seria es la espiritual, porque nos separa de Dios.
No es un detalle secundario que Cristo en muchos casos, sana primero el alma y luego el cuerpo; la restauración de la comunión con Dios, es la sanación primaria.
La enfermedades y sufrimientos, cuando son aceptados con fe como la voluntad de Dios, puede convertirse en camino de salvación:
* purifican el corazón, * enseñan humildad, * y nos acercan a Dios.
Muchos santos permanecieron enfermos físicamente, incluso por muchos años, pero eran espiritualmente sanos; esto muestra que la salvación no depende del estado del cuerpo.
Cristo no vino solo a eliminar el sufrimiento físico, su prioridad es la sanación del alma.
Por eso, en la liturgia ortodoxa, el mayor don que se pide no es la curación, sino:
“el perdón de los pecados y la vida eterna.”
En el milagro del hombre ciego de nacimiento, uno de los relatos más simbólicos y profundos lo vemos en Juan 9:6-7….
“Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé…”
JESÚS:
* Escupe en el suelo, hace barro (lodo) con la saliva.
El barro hace referencia a la creación del hombre del polvo de la tierra. Ahora Jesús no lo sana, sino que lo “re-crea”, le da algo que nunca tuvo: la vista.
Con este acto creador propio de Dios, Jesús demuestra de que actúa con poder divino.
La saliva en el mundo antiguo, era considerada tener poderes curativos. Simboliza que la curación proviene directamente de Jesús, no es magia, sino un contacto divino.
* Lo envía a lavarse a la piscina de Siloé.
Juan explica que “Siloé” significa “Enviado”, nada en el evangelio es casual.
“El Enviado” es un título cristológico…. Jesús es el Enviado del Padre. Jesús no viene por iniciativa propia.
Esto toca la teología trinitaria: Unidad en la misión, con distinción entre el Padre y el Hijo…. el Hijo procede del Padre y es enviado al mundo para revelar al Padre.
El agua de la piscina de Siloé era también “enviada” … desde el manantial de Guijón, al túnel de Ezequías y de allí a la piscina de Siloé en Jerusalén. Teológicamente:
la luz llega a través del Enviado.








